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Hay una
enfermedad ocular que es temida por muchos pacientes e ignorada por la mayoría.
Dado que es una de las principales causas de ceguera, tanto en nuestro país
como en el mundo, es que nos referiremos a ella en este espacio.
SE entiende por glaucoma a la pérdida irreversible
de la visión, causada por el aumento de la presión intraocular.
El ojo contiene en su interior, un líquido
llamado humor acuoso. Este es el líquido nutriente que se produce en el cuerpo
ciliar (por detrás del iris) y que se evacúa por el trabeculado (que es una
especie de rejilla ubicada entre la córnea y el iris).
En otras palabras, el ojo es como una pelota cerrada, donde hay una
canilla abierta y un desagüe. Si por alguna razón ese desagüe se obstruye, la acumulación
de líquido dentro del ojo, producirá
un aumento de la presión intraocular, compri- miendo al nervio óptico, (que esta
ubicado en la zona más débil de la pared del ojo) con el consi- guiente daño
del mismo. Como el nervio óptico
es el transmisor de las imágenes que el ojo per- cibe, hacia el cerebro, que es
el que realmente las "vé"; la interrupción de esta conexión produce
ceguera (sería comparable a tener un televisor sin el cable de la antena).
Hay distintos tipos de glaucoma, entre
los que se destacan el glaucoma congénito, el glaucoma agudo y el crónico.
El glaucoma congénito aparece en recién nacidos o niños pequeños, y los
sín- tomas
más destacados son: ojos muy grandes, pestañas muy largas y la fotofobia
(que es la moles- tia intensa frente a la luz).
El glaucoma agudo se presenta en adultos
en forma brusca, con intenso dolor ocular, cefalea y disminución brusca de la
visión, requiriendo tratamiento en forma urgente, pues de lo contrario, puede
perderse completamente la visión en el transcurso de horas a días.
Finalmente, el glaucoma crónico es de
instalación más lenta, en forma imperceptible, ya que no produce síntomas,
difícil de notar por el paciente, y que, generalmente es diagnosticado por el
oftalmólogo en una consulta de rutina. Esta es la forma que más casos de
ceguera produce en el mundo, dado que, al desconocer el paciente que lo padece,
tampoco realiza el tratamiento que le permitiría conservar su visión.
Hay diversos tratamientos para el
glaucoma crónico, desde la colocación diaria de colirios que
reducen la formación del humor acuoso, o facilitan su salida fuera del ojo;
hasta la realización de cirugías o la aplicación de rayos laser que ayudan a
la evacuación del líquido intraocular. Dichos tratamientos permitirán conservar una visión normal, en
la medida que sean debidamente cumpli- dos y controlados. El cumplimiento del
tratamiento debe ser estricto, ya que, al abandonarlo, la presión ocular puede
volver a aumentar. Y el control también debe ser permanente, porque puede
suceder, que en determinado momento el tratamiento deje de ser efectivo.
Es por ello que hay que realizar frecuentemente una evaluación, no solo
de la presión ocular, sino también del estado de la papila del nervio óptico
y del campo visual, mediante la perimetría computarizada.
El glaucoma es una enfermedad que no se
puede curar, pero sí tratar adecuadamente, de forma de poder mantener una visión
normal, evitando el progreso de la enfermedad. Por lo antedicho, es imprescindible tomar conciencia de la gravedad de esta enfermedad, y de lo importante de su diagnóstico precoz, mediante la consulta periódica al oftalmólogo.
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