Cirugía refractiva con excimer laser

 

Entre los defectos refractivos oculares que provocan disminución de la capacidad visual, hay que mencionar a la miopía, situación en que el ojo es más largo  de lo que debería, y por lo tanto, las imágenes  que  llegan  al  ojo  hacen  foco  por  delante  de la retina.  En la hipermetropía sucede lo contrario,  es  decir,  al  ser  el  ojo  corto, las imágenes hacen foco por detrás de la retina. 

En el astigmatismo,  la  alteración  no  es  del  tamaño ocular, sino de la regularidad o esfericidad de la córnea,  o sea, que ésta es más curva en un eje y más plana en otro (en lugar de parecerse a 1/2 pelota  de  football,  semeja  1/2  pelota  de rugby .  El  resultado  de  esta  alteración es que parte de las imágenes  hacen  foco en  la  retina, y parte por delante o por detrás, percibiéndose  distorsionadas.  

Con el fin de mejorar  la  visión,  a  comienzos  de  siglo,  el  único  elemento disponible era el anteojo. Con el transcurrir  de  las  décadas,  se  fueron  desarrollando  elementos  y   métodos  que  permitieran mejorar no sólo la cantidad de agudeza visual, sino también la calidad de esa visión. Es así como aparecen  las  lentes  de  contacto,  que  satisfacen  estas dos cualidades. No obstante los logros conseguidos,  en  la  segunda  mitad del siglo se comienzan a ensayar méto- dos quirúrgicos con la misma  finalidad.   Allí tienen su origen las lentes intraoculares, amplia- mente difundidos hoy en día, tanto  para  la  cirugía  de catarata, como para la corrección de miopías e hipermetropías de alta graduación.   Así  también  la  cirugía  llamada incisional  (queratotomía  radial  y astigmática) fue desarrollada  para  el  tratamiento  de  miopías  y astigmatismos miópicos.  Estas últimas lograban alterar  la  curvatura  corneal mediante la realización de cortes que producían el debilitamiento de la córnea y su consiguiente aplana- miento o incurvación. 

Hasta la actualidad, salvo los métodos ópticos de corrección (anteojos y lentes de contacto), los métodos  quirúrgicos  no  habían  alcanzado  una  difusión  masiva,  debido a presentar un riesgo relativamente  importante  de complicaciones, y a no brindar resultados totalmente satisfactorios. Es  así  que,  como  alternativa  a  los  métodos  descriptos,  y  con  la  finalidad  de  mejorar los resultados  minimizando  los  riesgos,  aparece  el  láser  Excimer. Este es un láser cuyo efecto es disociar   las   uniones   covalentes   de  los átomos, produciendo una ablación a nivel corneal de 0,3  micrones   por   cada   impulso  emitido.  Esta   característica    es   la  que  le otorga la gran precisión en el tratamiento a realizar, sin lesionar el tejido subyacente.   Los   resultados  obtenidos  son  calificados  de  excelentes  por  los  más  destacados  cirujanos refractivos  en  todo  el  mundo.  La edad conveniente para ser sometido a este procedimiento, al igual  que  para  la  queratotomía  radial,  es  después  de  los  20  años.  Esto  es así debido a la posibilidad  de  progresión de la miopía hasta esa edad.  No obstante, ésto puede ser modificado en  determinados  casos.  Previamente  a la realización del procedimiento, el paciente debe tener exactamente   determinada su refracción, a fin de poder establecer con exactitud la corrección a realizar.  Ello  se  logra  mediante  la  refractometría, la paquimetría y la topografía corneal. Es en base  a  estos estudios, que se establece la graduación a corregir. En cuanto al procedimiento en sí,  no  requiere la administración de anestesia local ni general, sino la simple aplicación tópica de gotas  que  insensibilizan  la  superficie  del  ojo.  A  continuación  se  ubica  al  paciente  bajo un microscopio, mediante el cual se aplicará el rayo láser en forma directa sobre la córnea ó con la previa  realización  de  un corte tangencial a la superficie corneal (este método se llama LASIK).

En este altimo caso, mediante un instrumento llamado Microqueratomo se levanta una delgada laminilla de la superficie corneal, con la finalidad de poder tallar  con  el  láser directamente en el espesor de la córnea, tras lo cual se repone esa lamina corneal en su lugar, protegiendo así el tratamiento realizado. Durante  ambos  tratamientos  el paciente se encuentra recostado en una comilla mirando una luz de fijación que permite alinear el centro del haz del láser con el eje visual del paciente. El  ojo  normalmente  no requiere oclusión, salvo en los que se ha realizado el tratamiento en la superficie. la recuperación visual es prácticamente inmediata, pudiendo el paciente reintegrarse a sus actividades en horas.

 


Principal ] [ Cirugia Refractiva ] Cirugia con rayos laser ] Moscas volantes ] Ojo seco ] Retinopatia diabetica ] Lentes ] Computacion ] Glaucoma ] Conjuntivitis ] Capsulotomia ] Ulcera de cornea ] Blefaritis ]